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martes, 3 de marzo de 2020

De tejer palabras (Parte III)

Para saber tejer:
domina las rupturas,
aprende de enlaces y desenlaces,
corta la hebra innecesaria;
desenreda lo tergiversado
sucumbe ante lo destejido ininteligible de la vida.

Primer recorte. Fueron meses de trabajo interactivo entre palabrasfiestas de noche y alcohol; con una bohemia mas universitaria que literaria, por eso se rompieron algunos de los hilos mas gordos, de los hilos mas coloridos y rebeldes. La localidad inicial se transmuto en academicismo mítico y el circulo se cerraba fuera de los hilos que yo hubiera podido tejer. 
El café de pueblo seguía siendo un hogar y una droga para mi y aquellos pocos que aun pretendían mantenerse a mi lado, presintiendo un final trágico. Fue un primer recorte difícil, donde mi seudónimo quedo flotando en una tarde de los últimos días del invierno, justo antes de que tomar vodka pasara de moda.  

miércoles, 9 de octubre de 2019

De tejer palabras (Parte II)

El circulo crecía y a veces parecía ser triangulo, esfera, cilindro o cuadrado. Los nombres subían y bajaban de una lista, bitacoreando en eventos, entre reinas e indígenas, entre caciques culturales e indigenistas; las palabras perfumaron el otoño en el pueblo, la juventud escupe versos al viento, de madrugada entre la violencia, alcohol, fiestas y promiscuidad...
Ya no podría decir que era cosa de un par; los meses de agosto y septiembre se agitaron de encuentros, tertulias y discusiones poéticas; cada semana conocí a un nuevo poeta local, a una poetiza de lirica contemporanea. Los nombres me daban vuelta en la médula, en la letrística y los estilos. 
Tejemos los domingos sobre todo, entre semana los académicos, y los jueves o viernes era para leer mientras bebíamos y beber mientras nos conocíamos, reconociéndonos en lo que escribíamos... yo aun prefería los lunes, letárgicos, pueblerinos y solitarios para el oficio de la escritura y la lectura compartida; la agenda estaba llena y apenas iniciaba octubre.
El café para turistas cada día lo sentíamos más propio, más intimo: de Sara apenas y me quedaba su recuerdo, la mirada con la que me asesinaba y me dejaba pegado al piso lamiendo vocales y escurriendo en humo pesado. Estaba santificando a esa mujer, idolatrando su ideal por medio de poemas de amor, de epístolas sin enviar, de cuentos sin publicar y generando un devenir lingüístico que antes no hubiera imaginado; mis palabras ahora eran tejidas para cubrirla a ella.

lunes, 24 de junio de 2019

De tejer palabras (Parte I)

La cosa era no ser turistas.
La vaina iva de mantenerse local pues.
Siempre local.
Idea vana; necesidad de identidad.
El metalenguaje, era oxímoron todo el tiempo.
Y se burlaba cuando gritaba:
¡Yo soy la banda!
Todo por y para la banda
¿sabes quien es la banda?
y así una y otra vez toda la tarde.
La cosa era ser local.
Había un sentido de pertenencia.

Empezamos a reunirnos cada lunes para intercambiar palabras...
Creemos que la practica nos acarreara recompensas futuras...
Leemos y evaluamos proyectos. Inventamos proyectos.
Es un café para turistas. La comida mala y el precio alto. Es un café para turistas.
Volvemos ahí cada ocho días, antes era informal. Ahora se ha declarado lunes de atención al cliente.
Y estamos a la espera de proyectos y clientes. Las tardes pasan lentas y plenas entre risas y buenas conversaciones. A veces literatura. Los cafés y las papas fritas son buenas; eso y la visibilidad del lugar, nos hace volver cada ocho días a lo mismo: tejer palabras y buscar dentro de la maraña de hilos que se enredan en nuestras cabezas. Aunque, es un café para turistas, lo volveremos local, en sí mismo el negocio tiene potencial pues. Ya se adaptarán a nosotros. También esta Sara.